Siento la obligación innata de mantener mi paso a raya, las moscas por fuera de la ventana y la saliva tragándose por la garganta.
Del miedo al odio hay sólo un paso. Puede ser una zancada amistosa o una patada en una mala zona.
- He metido la pata, pero no recuerdo donde.
- ¿Y qué harás ahora?
- No lo sé, me gustaría al menos escucharla para poder rescatarla.
- La vida es graciosa, ¿no crees?
- La vida de un humano ha de ser simple, pero la vida del grupo de ellos es más que compleja porque siempre piensa el ladrón que todos son de su condición.
- Yo hace años tuve un oboe, incluso lo hacía sonar con cierta frecuencia y diligencia.
- ¿Y qué pasó con él?
- Nada especial.
- ¿Da capo?
- ¡Sí, claro!
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