Me duelen los ojos, la vida, las ventanas abiertas de par en par ante la ira desvergonzada que me aprisiona en sus cápsulas y en su tripa tortuosa.
La más macabra de las palabras, la más sencilla. Milano, políglota, muro.
Se acabaron las golondrinas al pasar por la aduana. Un duro deberán de pagar. Y dejaron de viajar. No tengo, no soy. Pienso, yerro. En el amor de la madre me crié y mirando a sus ojos me derretí. Soy débil, soy pequeño, soy vago y terco. Soy minero, soy palista, soy el amo de la pista.
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