Es tu aroma a electricidad, a serpentinas de colores y tensión rezagada en el regazo de la madre viva. Fueron tus neuronas, a la par que los ritmos desenfrenados, las que me hicieron ser tal y como soy yo a día de hoy: como tú, tururú.
¡Qué no! ¡Qué no! ¡Qué no soy subcónica ni alirosciente!
Fue todo parte del mismo sueño y deseo que todos tenemos. Ajuste de cuentas, olvidos apagados, luchamos juntos, unos, ignorándolo, no saben más que mentir con sus actos.
Otros, pagando patos de plumas de colores y ahogándose reprimidos en sus propias piscinas de plástico veraniego. ¡Qué aquí también hay!
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