El pasado se fue de paseo, a sabiendas de que jamás iba a volver.
En realidad, todos lo sabíamos, todos lo esperábamos.
Entonces, apareció el futuro, fugaz y borroso. Tanto que no supimos como reconocerlo.
Dime entonces, Malvina, si todo lo que transmites es una sensación, una mera caricia.
¿por qué me siento tan ofendida al recordar el pasado?
Y mientras mi mente maquinaba, una sutil caricia de su benevolente corazón surgió y vino, hacia el mío en forma de fresa salvaje y pequeña. Pero dulce, ¡Dulce como ninguna!
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